Noticias de Chihuahua, Chih., a Jueves 13 de agosto de 2020

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Adictos cometen 85% de delitos

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Adictos cometen 85% de delitos

Más de 30 mil personas adictas a las drogas salen a las calles de esta frontera dispuestas a hacer cualquier cosa

Juárez.- El 85 por ciento de los delitos que se registran en la ciudad son cometidos por drogadictos que, en su ansiedad por obtener dinero para adquirir estupefacientes, recurren al robo y a los atracos a mano armada, de acuerdo con la Policía Municipal.

Cada día, más de 30 mil personas adictas a las drogas salen a las calles de esta frontera dispuestas a hacer cualquier cosa para obtener sus dosis de heroína, cocaína, mariguana, metanfetaminas, inhalantes y otras sustancias.

La existencia de ese grupo de adictos representa un grave problema de salud pública a la vez que de seguridad, porque destroza a los usuarios, afecta a las familias y repercute de manera directa en la marcha de la sociedad.

Para atender a estas personas operan 61 centros de rehabilitación en la ciudad, aunque en estos momentos sólo 450 adictos están dentro de algún programa, por lo que las autoridades estiman que son más de 30 mil los que no reciben atención médica y necesitan cantidades interminables de dinero para seguir drogándose.

El problema se ha tornado más grave porque a raíz de los ataques que se han registrado en algunos de estos establecimientos, como el ocurrido el pasado 3 de agosto en el que 17 personas fueron asesinadas en Casa Aliviane, cientos de internos comenzaron a retirarse por miedo a ser víctimas de una agresión similar.

Otro factor que complica más esta situación es que 85 por ciento de los dependientes consume dos o más drogas, combinación que aumenta su problemática de salud, de acuerdo con José Antonio Rivera Rojas, director de los Centro de Integración Juvenil A. C.

El especialista dijo que un usuario de drogas impacta a cinco personas más dentro de su familia o de su comunidad, por lo que se trata de un problema de salud pública muy importante y de urgente solución.

Indicó que desde hace muchos años comenzó a considerarse a las adicciones como un problema de este tipo y también como un padecimiento de salud mental, dada su incidencia y los efectos devastadores para los usuarios, los familiares y la comunidad en general.

El uso y abuso de estupefacientes, mencionó, es una enfermedad que deja secuelas muy importantes y que pueden ser físicas, psicopatológicas y psiquiátricas.

Rivera Rojas explicó que un estudio de los pacientes demostró que 80 por ciento de ellos tiene una patología dual, es decir, que padecen ya un trastorno emocional o mental aparte de su adicción a las drogas.

Por lo tanto, se requiere darles un tratamiento especializado, con gente profesional y con tiempos determinados, lo cual es muy costoso, expresó.

Por ejemplo, citó, “hemos calculado un promedio por paciente, si éste tuviera que pagar sus tratamientos conforme a los tabuladores normales, de un promedio de 8 mil pesos por semana”.

Pero en un padecimiento crónico y los tratamientos son a muy largo plazo, de modo que el método corto dura entre 6 y 8 meses, y el largo hasta 3 ó 4 años, de modo que el gasto es muy elevado.

Pero no sólo es el problema del consumo de drogas, sino las consecuencias económicas y de salud que acarrea, ya que se trata de un padecimiento crónico y con recaídas, ya que en la ciudad hay muchas sustancias en las calles y también gran presión de grupo.

En esta frontera hay más de 132 mil personas que han probado drogas y más de 30 mil que las consumen habitualmente, dijo.

Agregó que las drogas de mayor prevalencia en esta frontera son mariguana, cocaína, heroína, inhalantes, de uso médico y metanfetaminas, en ese orden, y las últimas están tomando un repunte muy importante.

Raúl Ricardo Montoya Jara, coordinador de Atención a las Adicciones de Gobierno del Estado, dijo que la mayoría de la gente ve este problema como un asunto de seguridad o simplemente como un “problema familiar”.

Pero en realidad es una enfermedad que impacta como ninguna otra en aspectos económicos, sociales, de seguridad pública, de violencia intrafamiliar y de asociación con otras enfermedades como VIH, hepatitis y tuberculosis, agregó.

“Es multifactorial y dada su alta incidencia se vuelve un problema de salud pública, como cualquier otra enfermedad, y también se necesitan modelos y medios preventivos”, dijo.

Sólo la quinta parte va a rehabilitación

Raúl Montoya dijo que en la ciudad operan 61 centros de atención a las adicciones que atienden entre todos a unos 6 mil adictos anualmente, pero esa cantidad representa apenas la quinta parte de los adictos que se estima que existen en la ciudad, las cuales suman más de 30 mil.

Es decir, sólo uno de cada cinco drogadictos entra a rehabilitación cada año.

Informó que hace un año eran 60 centros de recuperación, pero se dieron de baja 20 y luego se dieron de alta otros 22, además de que hace unos días fue cerrado uno por la autoridad sanitaria, tras una revisión que ordenó el gobernador para esos establecimientos y por ahora son 61.

En el transcurso de un año, 20 se dieron de baja por inseguridad, o por situación económica adversa, o los clausuró la autoridad sanitaria, o cerraron porque se dieron cuenta de que se necesita una especialización, un programa de capacitación y diferentes medios de sostenimiento.

Comentó que existen tres metodologías de rehabilitación que autoriza la Norma Oficial Mexicana 028, de modo que con base en ellas, 25 usan los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos, 30 la cristoterapia y 6 el tratamiento profesional médico-psicológico.

La generalidad de esos locales es manejada por asociaciones civiles y entre todos atienden de 450 a 500 personas por mes, con un cobro que generalmente es de mil 500 a 2 mil 500 pesos por un proceso de recuperación que dura tres meses, agregó.

Inclusive aplican diferentes criterios, pues algunos dan servicio gratuito pero otros cobran 5 mil, 7 mil, 10 mil y hasta 15 mil pesos por tres meses, dependiendo de lo que quieran, pues es como un restaurante.

Esto porque toda asociación civil se sostiene de donativos y ellos cobran cuotas de recuperación, expresó.

Sin embargo, estadísticas del Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones (SISVEA) reportó que hasta agosto pasado había 3 mil 500 personas en tratamiento, cuando en el mismo periodo del 2008 se registraron 4 mil 600.

La estadística de SISVEA se actualiza cada mes durante las reuniones que sostienen los directivos de los centros de rehabilitación acreditados ante las autoridades.

Vuelven a la calle por temor a ataques

El 3 de agosto pasado, un día después de que 17 personas fueron asesinadas en Casa Aliviane, los encargados de los centros de rehabilitación informaron que a raíz de ese ataque, que era el quinto a ese tipo de lugares, cientos de internos comenzaron a retirarse por miedo a ser víctimas de una agresión.

Es decir, regresaron a las calles sin haber completado su rehabilitación, que en algunos casos tenía poco tiempo de haber comenzado.

Fueron unos mil 100 adictos los que abandonaron los centros por dos razones fundamentales: la situación económica y los ataques contra los internos que cometen los grupos del narcotráfico.

El médico José Antonio Rivera, director de Centros de Integración, dijo que la drogadicción es un padecimiento crónico y lleva mucho tiempo liberar de él a una persona.

“Se tiende a creer que con el simple hecho de que un paciente deje de consumir drogas ya está curado, pero eso es una fantasía, eso no es una verdad, dado que el estímulo que los llevó al consumo de drogas muchas veces está dentro de su núcleo familiar”, agregó.

Existe gran proliferación de drogas en las calles de Ciudad Juárez y además están los trastornos emocionales y mentales de los usuarios, lo que aunado a la falta de atención profesional, perpetúan de alguna manera que la gente siga consumiendo estupefacientes.

Expresó que el gran número de adictos que existe en Ciudad Juárez ha provocado un aumento en las enfermedades de transmisión sexual como VIH, sida y las hepatitis A, B y C.

Pero además, hay tres padecimientos: sífilis, gonorrea y tuberculosis, que estuvieron controlados durante mucho tiempo y que ahora, debido al consumo de drogas, volvieron a dispararse en forma importante, dijo.

Hay casos de enfermos de VIH que el hallarse drogados pierden la posibilidad de discernir el contagio que pueden causar, entonces tienen relaciones sexuales de alto riesgo e infectan a más personas, agregó.

Raúl Montoya advierte que cuando alguien detiene su proceso de rehabilitación, se ve afectado de gran manera porque se trata de una persona enferma.

“Muy probablemente, al momento de dejar su tratamiento la persona tenga un riesgo mayor de recaer otra vez en el consumo”, expresó.

No hay una estadística confiable sobre el número de “picaderos” que existen en la ciudad, pero una investigación auspiciada por la Secretaría de Salud reveló en julio de 2004 que entonces había un promedio de 4.2 puntos de venta de droga al menudeo por colonia, lo que daba un total de 4 mil 36 “tienditas” donde se surtían unos 179 mil usuarios.

Dejan escuela, empleo, y pierden a su familia

Ricardo Tovar López, jefe del Departamento de Trabajo Social de la Secretaría de Seguridad Pública del Municipio, dijo que de 85 a 90 por ciento de los delitos que se cometen en la ciudad es obra de drogadictos.

En la mayoría son jóvenes, adolescentes y hasta niños, de 9 a 17 años de edad, que generalmente consumen agua celeste y en segundo término mariguana, agregó.

La droga que más utilizan, el inhalante al que denominan ‘agua celeste’, es un solvente que usan talabarteros y zapateros para ablandar la piel.

La razón de que la prefieran tanto es que les resulta muy barata, pues con 5 pesos obtienen una cantidad suficiente para drogarse varios jóvenes, además de que la consiguen fácilmente, expresó.

Causa sensación de frío y alucinaciones, pero a la larga pierden la memoria, la vista, el sentido del gusto y provoca mucho daño neuronal, pero a ellos no les importa pues lo que les interesa es “sentir”.

Cuando se hacen adictos, los muchachos desertan de la escuela y presentan problemas de conducta ante sus padres, dijo.

Agregó que los adultos abandonan el empleo porque para ellos es prioridad satisfacer esa necesidad antes que cualquier otra, como pudiera ser la económica o ser el sustento de su familia.

Pero ambos, al dejar el empleo y necesitar mucho dinero para solventar su adicción, se convierten en distribuidores, y luego combinan esa actividad con otros delitos que les dejen más dinero.

En otros casos, dijo, se dedican al robo y a asaltos a mano armada a transeúntes, negocios, choferes de transporte y luego a delitos más graves como robo de carros, secuestro, homicidio, ‘car jackin’ y tráfico de drogas y de armas.

Otros con menos arrojo se dedican a limpiar vidrios en las líneas de los puentes internacionales y en los cruceros, además de vender cualquier cosa, pero también, en cuanto tienen oportunidad, hurtan algo, dijo.

Agregó que en el Departamento de Trabajo Social reciben entre 5 y 7 jóvenes diariamente que son usuarios de drogas y que canalizan a centros de rehabilitación. Son los adictos quienes roban las tuberías y cables de cobre en las casas solas, igual que las puertas, ventanas y accesorios, lo mismo que los medidores de agua que hurtan y venden en los ‘yonkes’.

También ellos forman las pandillas más sanguinarias y depredadoras como ‘Los Aztecas’, ‘Los Mexicles’ y otras que termina poniéndose al servicio del crimen organizado.

Costosos tratamientos

José Antonio Rivera, director de Centros de Integración, expresó que la rehabilitación de un drogadicto es sumamente costosa cuando se usa el método profesional que incluye médico, psicólogo y medicamentos, y que es el más eficiente.

“Hemos calculado un promedio por paciente, si éste tuviera que pagar sus tratamientos conforme a los tabuladores normales, de un promedio de 8 mil pesos por semana”, agregó.

Pero es un padecimiento crónico y los tratamientos son a muy largo plazo, de modo que el método corto dura entre 6 y 8 meses, y el largo hasta 3 ó 4 años, de modo que el gasto es muy elevado, indicó.

El Centro de Integración Juvenil cobra sólo de 10 a 15 pesos por sesión semanal, pero a un 20 por ciento de los pacientes los atiende gratuitamente porque no tienen ni empleo, son “pacientes de la calle”, dijo.

Hace 5 años, de cada 10 adictos 2 eran mujeres y ahora son 4 ó 5, pues aumentaron de manera importantísima, quizá porque hay más de ellas consumiendo drogas o ya se están acercando a los sistemas de tratamiento.
Esto se ha convertido en un padecimiento de salud pública muy importante, agregó.