Noticias de Chihuahua, Chih., a Miércoles 25 de noviembre de 2020

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Caidas y ardores

por José Antonio García Pérez 240

La caída


La silla no se esperaba que aquella inmensa y floreada masa bifurcada en el centro le cayera encima y sin recuperase de la desagradable sorpresa no pudo tensar las moléculas de sus extremidades de madera, las cuales se abrieron cada una en dirección opuesta provocando la ignominiosa caída de la señora gorda. (52)

Ignorancia

Por su lógica binaria y computacional supo que no sería capaz de asimilar conceptos tan abstractos como “amor” y “odio”, no obstante, su memoria programada le recordó aquello de que “a las penas las mata el licor” y aún después de pronosticar los resultados, el androide ingirió una copa de tequila y al instante se autocortocircuitó. (56)

Desde Alaska con ardor

Durante una excursión a Alaska, una pareja de enamorados se extravió. Para resistir el intenso frío de una tormenta de nieve se abrazaron y compartieron su calor que fue aumentando hasta alcanzar una temperatura capaz de derretir la nieve a su alrededor.
Los rescatistas encontraron los cuerpos y se los llevaron al médico legista, quien, extrañado aseguraba que la pareja mostraba signos inequívocos de muerte por ahogamiento. (67)

Sensumorfosis

Juan Rulfo dejó por escrito que el tal Pedro Páramo murió cuando uno de sus hijos, Abundio, le enterró un cuchillo. Aún y con ese parricidio Pedro Páramo no murió: primero se fue convirtiendo en guijarros, luego se desmoronó y de aquel polvo cetrino que fueron sus huesos y su piel, el cacique dejó de ser humano para convertirse desde ese momento y para siempre, en un rencor vivo. (69)