Noticias de Chihuahua, Chih., a Sábado 22 de julio de 2017

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Contar una historia

por Edna Fuerte 217

Niños y niñas «utilizados» mediaticamente por políticos de todas las filiaciones

Dicen que un relato es la mejor forma de aludir a importantes realidades. La certeza de que lo extraordinario puede hacerse presente en las cosas de todos los días. De ahí que quisiera compartir con Ustedes la historia de «El Cantero», más aún en estos tiempos donde los uniformes de las instituciones policíacas, aquellas destinadas a proporcionar seguridad y certeza a la ciudadanía, desfilan cual modelos de pasarela con atuendos y equipo distintivo en lugar de privilegiar la eficacia de cada una de ellas (Diario de Juárez. 28 de abril 2008).

El Cantero es una historia anónima que invita a la reflexión, leamos:

«De vez en cuando me gusta ver trabajar al cantero; golpea la roca una y otra vez con su martillo, pero puede hacerlo hasta cien veces sin que en la piedra se note más que un rasguño. No obstante, la roca se parte en dos al golpe ciento uno, y yo bien sé que no fue éste último golpe el que la dividió, sino todos los anteriores.»

«El Cantero» es una historia de obstáculos pero también de perseverancia, nos invita reflexionar sobre nuestro actuar diario y sobre la actitud que tomamos ante las adversidades.

Aplicable a todos los casos, sean personales o como sociedad, da la pauta para que el esfuerzo concentrado, es decir, de metas definidas y medibles permita optimizar recursos y aun cuando el tiempo y la dedicación sean considerables, la certeza del objetivo marque la pauta para no claudicar.

Como observamos, ésta actitud en la vida cotidiana no es muy utilizada ni por individuos ni por instituciones gubernamentales. La inmediatez y la conveniencia es la constante y es, el momento, quien define la trascendencia de tal o cual acción. Ahí está el ejemplo de nuestros legisladores, los locales, visitantes en Juárez hace unos días, que se entrampan en discusiones por las llamadas comisiones que no son mas que formas de no generar compromisos contundentes y de trabajo efectivo y, el de instancias del gobierno federal, quienes frenando la entrega de fondos contra la marginación provocan que los programas de combate a la pobreza no se hayan definido ni mucho menos ejercido a la fecha.

Ahora con el día del niño y luego de los festejos que los diputados, alcaldes, políticos todos, han organizado a los niños y niñas (que no a todos en realidad) en aras de cubrir con un día de esparcimiento todo por lo que su gestión debiera estar definida, quizá nos sentará bien recurrir a la historia que nos ocupa, y es que, presa de su tenacidad o tozudez, presa de ahínco y curiosidad, de perseverancia y objetivo definido, «El Cantero», sería una buena lección para nuestros niños y niñas quienes «utilizados» mediaticamente por políticos de todas las filiaciones pretenden dar la imagen, al nombrarlos regidores o alcaldes infantiles, de acercamiento, entendimiento el interés. No dudo que algunos lo tengan y que sean genuinos, pero lo cierto es que con todo lo que esta pasando en nuestro estado y aun más, lo que trasciende del país en cuanto a violencia y falta de acuerdos entre quienes tienen la obligación de generarlos, estimo que el mensaje puede ser por demás contundente aunque no necesariamente para fomentar el espíritu de solidaridad y servicio entre nuestros niños, sino como mensaje confuso de poder y ambición.

No es eso lo que queremos para las generaciones que vienen. Porque son el presente y nos enseñan más de lo que estamos dispuestos a dejar entrar a nuestra conciencia. Y entonces habría que preguntarle a los políticos que jocosamente cargaron niños estos días, que desplegaron recursos en fiestas, anuncios y felicitaciones, que dejaron ver su tolerancia con los chiquitines, ¿Cuál fue su aprendizaje? ¿Qué cambio detonará en ellos que serán mejores servidores públicos? ¿Acaso trabajaron en las convivencias en políticas públicas que protejan a nuestros menores? Si tienen la respuesta seguro la encontraran dentro de un año de cara a las elecciones federales intermedias o en las ya no tan lejanas locales del 2010.

Así es que mientras ellos siguen «taladrando» la piedra del poder para su particular objetivo, los ciudadanos «de a pie», démosle la bienvenida a nuestro espacio de vida, todos los días, a los niños y niñas del colegio, de la calle, de los barrios o colonias, de la ciudad o del campo, a los que están en los centros comerciales limpiando o empacando mercancía, a los que están en los cruceros ofreciendo algún producto, a los indígenas, a los que esperan que una mano amiga llegue y los adopte sin condiciones, a los de aquí y a los que no lo son, ellos son nuestro presente y no un trofeo que se exhibe. Ayudémoslos a construir algo más que una apariencia. Es tan difícil como sencillo reconocer que a veces nos intimida su cercanía. Sin embargo, creo que podemos empezar por una historia, quizá la de «El Cantero» o alguna otra que Usted amigo (a) lector (a) recuerde. Lo (a) invito a intentarlo.

Algo para compartir.

Para los adultos que debemos ser facilitadores de alternativas, para nuestros niños y niñas.

Anónimo.

Habiendo lanzado ya 714 jonrones en su carrera beisbolística Babe Ruth jugaba uno de sus últimos partidos profesionales. Los Bravos enfrentaban a los Rojos de Cincinnati. Sin embargo, el gran Bambino ya no era tan ágil como antes. Manipulaba la pelota con torpeza y sus lanzamientos eran erráticos, de manera que en un solo ining cometió tantos errores que los Rojos anotaron cinco carreras consecutivas.

Cuando en uno de los descansos abandonó el campo y se acercó a la banca, escuchó una gritería. Un niño acababa de saltar desde las graderías hasta el campo de juego. Con lágrimas en los ojos, corrió a abrazar por las piernas a su héroe.

Sin dudar un momento, Ruth lo cargó, lo abrazó y lo devolvió al suelo, tras de lo cual le palmeó afectuosamente la cabeza. El escándalo que procedía de las graderías se apagó de inmediato. El público dejó de abuchear a Babe. Se hizo un gran silencio. La afición se mantuvo respetuosa ante aquellos dos héroes: Babe Ruth, quien a pesar de tener un mal día podía mostrarse cariñoso con un niño, y el niño mismo, preocupado por los sentimientos de otro ser humano. Ambos habían conmovido el corazón de la multitud.

Earl Nightingale.

Oportunidad y visión.

Un hombre compró una pequeña línea ferroviaria que en los últimos años había resultado un desastre económico. Pagó por ella una bicoca, pero quienes se la vendieron se burlaron de él en secreto. Sin embargo, aquel hombre clausuró la ruta y vendió los rieles y el equipo a excelente precio, de manera que muy pronto se encontró dueño de miles de hectáreas hasta entonces cubiertas de vías.

Para los antiguos propietarios, aquello no pasaba de ser una línea ferroviaria en quiebra, pero para el nuevo dueño representó la oportunidad de adquirir valiosos terrenos.

Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es ednafuerte@gmail.com para sus comentarios, muchas gracias.