Noticias de Chihuahua, Chih., a Miércoles 20 de marzo de 2019

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Decir y hacer

por Antonio Tiscareño 247

Decir y hacer

Es hora de dejar aparte el “DECIR”, para empezar responsablemente con el “HACER”

La idea de que estamos atrapados en medio de un juego perverso en el que no controlamos las reglas, no es extraña para ninguno de los que coincidimos ya como lectores ya como escritores en cualesquiera de estos medios, antes bien, conforme más pasa el tiempo, para cualquiera que se interese un mínimo en lo que pasa en torno suyo, se va aclarando y afianzando la percepción de que a nuestras opiniones no se les va dando el peso específico que debieran tener en un sistema político que se presume “democrático”.

Cuando la corrupción de un sistema ha llegado a ser tal como lo es en el que nos está “regulando” (por decirlo en la forma más amable), hasta los conceptos más sagrados van siendo víctimas de la corrosión del pegajoso vicio de la simulación, que sin eliminarles la nomenclatura, los vuelve inoperantes al relativizarlos y condicionarlos, pasando entonces a ser valores huecos, carentes del auténtico poder transformador que los hizo ser deseados y buscados, pero aunque vacíos y desvirtuados siguen siendo utilizados, continúan siendo blandidos como íconos venerados por el pernicioso culto de la hipocresía pública.

Así ha pasado a ser el tan exaltado “valor civil” que nos infundían nuestros mentores y que se suponía con un contenido capaz de avergonzar a los trasgresores y de provocar la indignación popular a grado de impulsarla derrotar a sus tiranos… Quizá así funcionó en tiempos epopéyicos, cuando hasta los que pasaron a la historia como los malos del cuento, tenían (como dirían los viejos) “un asomo de vergüenza” y por ello se sentían cuestionados y rebasados por los argumentos de la razón y de la justicia.

Más ahora, vemos como ante el cinismo absoluto de los absolutamente corruptos actores del capítulo presente de esta nuestra historia contemporánea, a esa que fue una virtud ciudadana, se le ha relegado a ser sólo una conveniente válvula de escape para la cada vez más densa presión social y en algunos casos, como eficiente identificador de los individuos que se oponen al poder y que al desafiar así a algún régimen, al levantar la mano contra la injusticia, lo único que logran es auto-señalarse como dianas para recibir el tiro que los convierta en caso cerrado para el sistema.

Por eso cobra vigencia, más que nunca, aquel sabio consejo bíblico; “que tu mano derecha no se de cuenta de lo que hace tu mano izquierda”, al cuál solo se le ha exaltado la parte que invita a practicar la humildad, pero que como todo lo que se puede entender como sabiduría divina, tiene un contexto mucho más amplio y profundo en el que se le puede encontrar nexo con la también divina recomendación de “ser sencillo como paloma pero astuto como serpiente”.

Concluyamos de que tenemos que aprender a ser más eficaces, que si ya nos hemos dado cuenta de que los que viven aferrados al poder, se ríen a carcajadas de todas nuestras diatribas y reclamos, hechos sí, con mucho valor civil, pero al mismo tiempo con la candorosa ingenuidad de que serán atendidos por ellos sólo porque mañosamente nos han invitado a expresarlos, porque zorros viejos al fin, saben que luego de nuestros exabruptos se nos desinflará el ánimo y ellos ganarán un poco más de tiempo para crecer y afianzarse en su parasitaria forma de vida.

Llega la hora de que empecemos a ponerlos nerviosos, pero nerviosos en serio, que la sociedad entera levante en torno a los impúdicos demagogos, un ominoso muro de silencio para que ya no sepan lo que estamos pensando y cuando menos lo piensen, cuando estén en evidencia frente al resto del mundo, dejemos de jugar el juego con sus reglas para que reciban de lleno la saeta vengadora de nuestro voto en contra, arma imbatible que les arrebatará la oportunidad de seguir ejerciendo su desvergonzado protagonismo.

Hagamos pues un silencio cargado de la dignidad de quien no se rebaja a participar en el sucio ejercicio del chisme y la maledicencia que ellos practican tan hábilmente, Silencio frente al cuál el arma que hasta ahora les resulta tremendamente efectiva; su demagogia, al quedarse sin el eco de una ilusa respuesta, se pierda en lontananza sin el poder de rebotar para sorprendernos luego por la espalda. En síntesis, es hora de dejar aparte el “DECIR”, para empezar responsablemente con el “HACER”.