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Sábado 25 de diciembre de 2021

El Hermano Prodigo; La esperanza navideña

Recuerdo las navidades de mi infancia. Llenas de primos y primas, de pobrezas pero de inmensas alegrías, de pequeños regalos pero grandes emociones.


Recuerdo las navidades de mi infancia. Llenas de primos y primas, de pobrezas pero de inmensas alegrías, de pequeños regalos pero grandes emociones.

Por: Fernando Mendoza J.

Si algo me despierta la vivencia de la Navidad es la esperanza. Esa virtud teologal que creemos que se vive solo en el futuro incierto y que no tiene nada de presente certero, pero que de verdad es más de presente que de futuro.

La Navidad tiene mucho de luces, de cercanías familiares, de re encuentro, de cenas amigables, de cobijos amables y de nacientes solidaridades, pero para mí evoca más que todas estas buenas actitudes una esperanza inimaginable.

Recuerdo las navidades de mi infancia. Llenas de primos y primas, de pobrezas pero de inmensas alegrías, de pequeños regalos pero grandes emociones. Reunidos todos en torno a la casa de los abuelos maternos que me recuerda mucho la Casa de los espíritus de Isabel Allende.

Allí se esperaba la Navidad. Y aunque al abuelo le disgustaban los ruidos y los desastres que hacíamos una veintena de chamacos inquietos, allí era el centro de la celebración. En torno a la abuela, nacía Jesús en un pesebre pobre pero en medio de la algarabía juvenil de todos nosotros.

Así recuerdo esas navidades infantiles, que junto con las vividas en mi adolescencia y juventud tienen la igual característica de que las “esperaba” con mucha alegría.
La Navidad es pues para mí una celebración de esperanza.

Y lo es porque a mi entender esperamos la venida de Jesús. Porque eso es la Navidad. Lo de las luces, regalos, cenas, cánticos y villancicos es como la parafernalia que demuestra que estamos felices porque llega Jesús a nuestra humanidad.

Navidad es ver a Dios que se rebaja para hacerse igual que nosotros, que se hace hombre, pequeño, indefenso y débil, para compartirnos su divinidad. En la Navidad, Dios se hace hombre para que el hombre se abra a la divinidad.

En la Navidad se hace manifiesto el principio de la Encarnación, por el que reconocemos que Dios se hace uno igual que nosotros para que nosotros podamos abrirnos por entero a su amor.

En la Navidad, la divinidad se une a la humanidad para hacerse uno, y Jesús que nace es el que nos permite ver en todo esplender esta divinidad y humanidad hecha unidad.

Y ante todo este Misterio rico en amor y misericordia no queda más que esperar este gran acontecimiento.

Por ello, el Adviento nos invita a esta gran esperanza que nos trae este nacimiento. Y la Navidad es la fiesta de la Esperanza de poder reconciliarnos, de lograr el re encuentro con todos, de que volvamos a renacer en ese pesebre de Nazaret.