Noticias de Chihuahua, Chih., a Jueves 16 de septiembre de 2021

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El silencio, una forma de complicidad.

por Antonio Tiscareño 763

El silencio, una forma de complicidad.

A pesar de no gozar de los privilegios de los cargos públicos, el ser un simple ciudadano conserva una gran ventaja

A pesar de no gozar de los privilegios que hacen tan codiciables los cargos públicos, el ser un simple ciudadano conserva una gran ventaja; La de poder llamar a las cosas por su nombre sin tener que quedar sujeto a la censura ni a perder por ello el derecho a alguna candidatura o algo equivalente.

El simple mortal conserva el poder de regocijarse en decir por ejemplo que son despreciables las posturas de quienes chillan más que puercos atorados cuando se les sacan los trapitos al sol y se les dicen sus verdades en sus caras, también es un lujo ciudadano el poder hacer uso pleno de la libertad de expresión sin tener que andar con rodeos, buscando eufemismos y depurando (léase “rebuscando”) el lenguaje para a fin de cuentas no decir lo que se tiene que decir. Eso… eso hay que dejárselo a los demagogos y a los que no se responsabilizan de sus propios dichos, a los que tienen compromisos y amarres dizque “para conservar la gobernabilidad” y que le llaman “política” a la simulación y al contubernio. A esos que aunque bien saben como anda el agua, todo lo soslayan y como que no se dan por enterados, que no le entran a los dimes y diretes bajo el pretexto de que hay que conservar la civilidad, cuando en realidad practican el “no jalen que descobijan” a esos que piensan que sólo por no mencionarlos, los errores y las culpas simplemente no existen.

A esos que llaman “Guerra Sucia” al democrático ejercicio de la crítica hacia sus deleznables desempeños en los cargos públicos que acertada o erróneamente (en este caso, precisamente por no desenmascararlos a tiempo) les ha encomendado una mayoría desinformada de la ciudadanía “Cuán gritan esos malditos…”- citaría el quijotezco adalid - y que más quisieran, que todos nos conformáramos y diéramos como ciertas las alabanzas al mérito que se auto-conceden; Que sin derecho de pataleo aceptáramos calladamente las consecuencias de sus trácalas y sus desmanes, convirtiéndonos así en silentes cómplices de sus DELITOS, consecuencias que por cierto, desde su encumbramiento ellos evaden y nos hacen pagar a aquellos a los que supuestamente debieran preservar. Y es muy importante llamar por su escueto nombre a lo que hacen, porque no es lo mismo cometer un error, que cometer un delito; “Errar” implica desconocimiento y falta de elementos suficientes para realizar acertadamente una tarea en la búsqueda de un bien común y aunque este no se alcance, se preserva intacto el bono de la buena intención en el intento.

Delito en cambio es aquello que aún a sabiendas de que se va a lastimar el interés de segundos o terceros, se realiza para obtener un beneficio particular - a esto con todas sus letras se le nombra “dolo” y se traduce como “ganas de perjudicar” -. Y si además, como en la cotidiana realidad de nuestra perjudicada patria, este perjuicio se hace con los agravantes de: premeditación, alevosía y ventaja, ¡nomás faltaba que además nos quisieran prohibir el llamarles bandidos con toda la bocota!.

¿Qué no quieren que nadie hable de sus fregaderas?... ¡Pues no las hagan!, ¿Qué si a los comentarios bien merecidos acerca de sus desmanes ustedes eufemísticamente los llaman “descalificaciones” cuando para los que los proferimos es simple y sencillamente la más pura percepción de sus negativas “cualidades?”, A ver, para que no se sintieran ofendidos, ¿Cómo quisieran los señores que se les llamara a sus topillos?, porque si ustedes insisten en llamar a nuestra soberana y legítima crítica “Guerra Sucia”, ¿Quién nos vá a quitar el derecho de llamar a lo que ustedes hacen “Marranadas”.

Gran escándalo y escozor ha causado entre las dirigencias de algunos partidos políticos de presencia en nuestra entidad, el desempeño del alcalde de la cd. de Chihuahua, Carlos Borruel Baquera, de extracción Panista quien ha visitado algunas ciudades de nuestro estado a dónde ha sido invitado por los alcaldes de las mismas como parte de un intercambio de convivencia entre pares, normal entre los ayuntamientos de nuestro país y que en menor o mayor grado se practica en muchos otros países, costumbre que forma parte de la vida nacional desde tiempos inmemoriales y cuyo propósito es el de dar realce a algunos actos públicos teniendo como invitados de honor a personajes connotados, esto lo han hecho, lo hacen y lo seguirán haciendo todas las administraciones públicas independientemente de la denominación político - partidista que los distinga.

La ciudadanía mira con ojos un tanto indiferentes a quienes a falta de contenidos sustanciales para dar notas periodísticas verdaderamente importantes, por consigna y compromiso deben hacer eco y magnificar asuntos tan intrascendentes solo por seguirles el juego a quienes sin ver la viga en ojo propio, ejercitan su fariseísmo revisando con microscopio cada paso del que consideran su contraparte.

Haciéndole un poco al sociólogo es muy interesante observar como las características individuales de la personalidad de un sujeto, a veces terminan por servir de ejemplo para calificar a toda una colectividad, llámese familia, pueblo o partido, donde se suman sinérgicamente todas las potencias, positivas o negativas, para bien o para mal en cada caso.

Así tenemos como la negativividad de un grupo político desgastado, el cual ha sido alcanzado por las consecuencias de sus propios vicios, refleja una condición muy similar a la de un individuo frustrado ante el hecho de estar consciente de no haber podido alcanzar el potencial de su mejor estatura moral. Entra en un afán de denostación de los que debieran ser sus referentes y acicates para la propia superación, entrando así en el pernicioso ejercicio de tratar de derribar a los adversarios más grandes a fin de obtener la dudosa satisfacción de verlos a su mismo demeritado nivel ya que en vez de intentar superar su enanismo, procura hacer caer a los que ve más altos para no tener que levantar la vista al tenerlos enfrente.

Y lo verdaderamente triste de esta realidad, es que es muy comprensible el estado de ánimo de quienes reaccionan así, porque forma parte del esquema tradicional de mediocridad con el que han venido desempeñandose en los últimos tiempos los asuntos públicos en todos los ámbitos del quehacer nacional.

Por considerarlos causa perdida y anhelando que El Tiempo, - ese inexorable ajustador de cuentas - acabe por brindar respiro a nuestro anhelo, como se lo brinda (por simple extinción de las causas del problema) a todo asunto que se complica más allá de las capacidades de “…desfacer entuertos”. Así esta generación política totalmente hechada a perder, causante de tantos estragos y sinsabores a nuestro ¿querido? México, al que más pareciéramos odiar visceralmente ya que ellos, ante la oportunidad histórica brindada generosamente por nuestro pueblo elector, reaccionan arteramente retomando poder sólo para reincidir en sus vicios y nosotros los que los pudiéramos poner en su lugar, o sea “de patitas en la calle”, en vez de ellos, les permitimos regresar a seguir causando todo el daño que saben hacer.

¿Quién tendrá más culpa?, ¿Ellos que para eso están y así lo han demostrado exaustivamente durante más de siete décadas o nosotros por ingenuos e irresponsables, que ya conociéndolos a suficiencia, les damos otra oportunidad de seguirnos jo…robando?

Ya no por ellos – de los que nos importa un bledo si se sienten aludidos y ofendidos porque se les recuerdan sus trapacerías y claman por un trato justo de parte de quienes hemos sido víctimas de sus deliberadas injusticias - ya no por nosotros que a fin de cuentas pagamos el precio de nuestra equivocada elección.

¡Pero por los jóvenes!, a los que estoy seguro, nadie que deveras tenga un gramo de verdadero amor hacia el futuro de nuestra patria y que con toda el alma deseáramos que fueran mejores que nosotros… Con qué cara los voltearemos a ver y con qué categoría moral les haremos alguna sugerencia acerca de mejorar sus conductas, si aceptamos las viciadas reglas de este juego en el que un grupo totalmete ajeno al sentimiento de la nación decide que no se les puede decir ratas a las ratas, ni marranos a los marranos – y dicen representarnos – cuando lo que nosotros, los que no estamos, ni estaremos acotados por ninguna conveniencia o complascencia, decidamos hacer una “Guerra Sucia”, PORQUE ASÍ NOS DÉ NUESTRA DEMOCRÁTICA GANA de llamar a los cosas por su nombre, gústele a quien le guste o todo lo contrario, para limpiar de estos indeseables el ambiente político de nuestro país…. Nos estamos tardando.