Noticias de Chihuahua, Chih., a Domingo 17 de noviembre de 2019

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Los excesos del jefe de jefes

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Los excesos del jefe de jefes

Arturo Beltrán Leyva trajo de cabeza durante varios años a los cuerpos de inteligencia de varios países

Arturo Beltrán Leyva. O “El Barbas”; o “El Ingeniero”; o “La Muerte”. O el capo que trajo de cabeza durante varios años a los cuerpos de inteligencia de varios países; fue abatido en Cuernavaca.

No dio oportunidad a la negociación: disparó hasta el hartazgo; su historia se desplomó en el gimnasio del complejo de departamentos en el que se alojaba; pretendió armar una última defensa, agazapado tras las máquinas para ejercitarse.

No le resultó: los fogonazos de sus verdugos fueron esta vez más certeros. El que fuera hombre fuerte del cártel de Sinaloa fue acribillado gracias a un operativo terrestre montado por la Marina Armada de México.

El saldo: siete narcotraficantes muertos; un maestre, un civil, y tres marinos heridos.

La noticia de inmediato fue publicada en los cinco continentes, más o menos en el mismo tenor: la muerte de Beltrán Leyva, sobre quien se ofrecía una recompensa de 2.4 millones de dólares, es una victoria para el presidente Felipe Calderón, que lanzó una cruzada contra las drogas poco después de asumir, en diciembre del 2006.

Pero, lejos de la euforia y de la metralla avasalladora de los erre quinces, de la tupida reacción de los acás cuarentaysiete, comienza a tejerse la leyenda.

I. Hasta la cocina presidencial

Abril de 2005. Nahum Acosta Lugo era el coordinador de giras de la Presidencia de la República, en el mandatio de Vicente Fox, hasta que le cayeron y fue encarcelado en el penal federal de «La Palma».

José Luis Santiago Vasconcelos, subprocurador de Investigaciones Especializadas en Delincuencia Organizada (SIEDO), informó que el juez sexto de Distrito en Materia de Procesos Penales Federales, José Luis Gómez Martínez, concedió a la PGR la orden de aprehensión en contra de Nahum Acosta Lugo, por Violación a la Ley federal contra la Delincuencia Organizada.

Nahum Acosta Lugo filtraba información a la organización delictiva de los hermanos Arturo y Héctor Beltrán Leyva.

“Esos datitos nosotros suponemos que se trataban de algunas reuniones que pudieron haber tenido los elementos del gabinete de Seguridad Pública o Seguridad Nacional, o el haber escuchado en los corredores sobre algunas acciones a emprender en contra de grupos de delincuencia organizada, eso es lo que tenemos hasta el momento de indicio demostrado, pero debemos de entender que este tipo de acciones están dentro del marco de la delincuencia organizada", explicó Santiago Vasconcelos.

En conferencia de prensa, José Luis Santiago Vasconcelos dio a conocer algunas de las conferencias telefónicas que sostuvieron Héctor Beltrán Leyva con Nahum Acosta Lugo, en diciembre de 2004. En una de ellas, el presunto narcotraficante Héctor Beltrán Leyva le dice a Nahum Acosta que le enviará un presente de Navidad:

“Mira, por ahí te mando un presente de Navidad, por ahí tienes una bodega de ciruelos, tienes una gente ahí, está un chavo que es conocido, me regreso el día martes, mi familia está conmigo, me voy a Chihuahua el sábado en la tarde porque el Presidente viene el domingo en la tarde aquí a Chihuahua”.

El subprocurador José Luis Santiago Vasconcelos señaló que los 5 mil dólares que recibió Nahum Acosta Lugo son parte fundamental de las pruebas en su contra.

El 4 de febrero del 2005, la AFI, cumpliendo una orden ministerial de localización y presentación de Acosta Lugo, lo arraigó en un edificio que tiene la PGR. El 2 de abril fue trasladado al penal de La Palma.

En las investigaciones que realizó la PGR hubo cateos a siete casas en zonas residenciales de Naucalpan, Huixquilucan y Valle de Bravo, en el Estado de México. En una de ellas, propiedad de Héctor Beltrán Leyva, se encontraron una tarjeta de presentación de Nahum Acosta Lugo de coordinador de giras de la Presidencia de la República, así como una agenda donde estaba el número telefónico de tan cercano colaborador de Presidencia.

II. El miedo a La Satánica

Al jefe del Cártel de Sinaloa le decían «La Muerte». Era uno de los hombres más buscados en México y en Estados Unidos.

Siempre vestido de negro, portaba un dije de oro en el pecho: era la Santa Muerte. Hombre serio, de pocas palabras y con el eterno gesto adusto. Siempre parecía estar enojado.

Viajaba en una camioneta blindada, a la que le conocían como La Satánica. Todos sus secuaces lo respetaban; lo llamaban Patrón o Don Arturo.

No permitía cuestionamientos y jamás aceptaba el que sus órdenes no se cumplieran al pie de la bala.

Sucedió en una gasolinera de Acapulco: cerca de la medianoche llegó un convoy de vehículos a cargar gasolina. Algunas veces eran 10 y a veces hasta 20. Pero tenían una peculiaridad: nunca apagaban el motor ni para cargar gasolina; así lo indica el reglamento de seguridad.

Esa noche, primero abastecieron a La Satánica. La misma donde viajaba Beltrán Leyva

Uno de los encargados de la gasolinera se acercó a la camioneta y le pidió apagar el motor, o de lo contrario no le despacharía.

Ni idea de quién se trataba, el empleado vio descender del vehículo al hombre adusto vestido de negro. De pronto, un grito lo estremeció: «¡Te vas a morir hoy!», le espetó al trabajador aquel sujeto que le restregó el cañón de una pistola en la cara.

Nadie intervino.

Todos callaron ante la escena.

Pero el hombre de ostensible acento norteño le perdonó la vida. Tranquilamente subió a La Satánica.

Jamás nadie intentó decirle algo más a los hombres del convoy.

El miedo se extendió por toda la región.

III. El más poderoso del momento

En el top-ten de los narcos mexicanos, ocupaba un lugar preponderante. Para muchos, Arturo Beltrán Leyva era el narcotraficante con más fuerza en este momento.

Tenía presencia en casi todo el país, por ejemplo, en Sonora, en Sinaloa y en Durango. Nuevo León, ni se diga; especialmente en Monterrey (inclusive el alcalde de San Pedro, Mauricio Fernández, aceptó haber pactado con los Beltrán la tranquilidad de la plaza, pues, atrevió a comentar: allí viven discretamente los familiares del capo). En Querétaro compró residencias y ranchos, así como en Cuernavaca, Morelos.

En el argot policiaco se dice que todo Guerrero era de él. En especial, Acapulco; en Chihuahua se paseaba sin problemas y hacía negocios hasta en Ciudad Juárez y en Guadalajara recientemente aparecieron varios sujetos decapitados con mensajes firmados por “La Muerte”.

Que su poder se medía en dólares: más enriquecido que Joaquín el Chapo Guzmán.

IV. Mensajeros de sangre

Es el correo macabro. Aquí los mensajeros terminan en pedazos, destrozados, tirados a los basureros, metidos en alcantarillas, sepultados en tambos llenos de cemento. Ni se enteran de la encomienda porque en ocasiones es su espalda el lienzo a horadar: ahí se plasman ira y salvajismo.

Ni cómo terminar con esa trama de frases aprendidas de memoria; de amenazas incesantes, de terror que recorre playas, brechas y caminos. No es únicamente el cadáver descuartizado, minuciosamente metido en cinco bolsas abandonadas en la carretera federal Zihuatanejo-Lázaro Cárdenas, la sangre escurriendo de las bolsas donde se repartieron cabeza, piernas, brazos y tronco.

No. Es ese monstruo capaz de succionarlo todo. Ese que vomita letras incoherentes en este absurdo método del correo humano, donde se unen la barbarie y la literatura tétrica.

Cada muerto tiene remitente y destinatario.

No acaban los mensajes de sangre. Algunos vincularon directamente a Beltrán Leyva. Como estos:

"Ahí está tu gente. Aunque te protejan el AFI, soldados y otras corporaciones Valdéz Villarreal, alias La Barbie, sigues tú, Arturo Beltrán Leyva. Y tú Lupillo sigue riéndote, te voy a encontrar. Atentamente, La Sombra”.

Sicarios ejecutaron, descuartizaron y empaquetaron a un hombre a un costado de la carretera Los Cavazos- San Mateo, en Santiago, Nuevo León, con un mensaje sin vericuetos, dirigido al Gobierno.

“Arturo Beltrán Leyva, Edgar Valdez Villarreal, Carlos Montemayor, General Alvaro Moreno (militar), Jesús José Tinoco García, Subteniente, Norberto González, La Sombra, Efraín, Tomás, Gilberto López de la Cruz, Martín Sánchez Sánchez, ellos son sicarios del cártel de Sinaloa... Esto no se va a acabar hasta que capturen a las personas nombradas en esta lista, y está comprobado que estos sicarios trabajan con protección de Generales y Capitanes de la PFP, por ejemplo Martín Eduardo Rodríguez Lagunes... Hasta que el Gobierno deje de protegerlos, es cuando se va a terminar la ola de violencia. De lo contrario van a seguir rodando cabezas, Gracias."

Danza sin fin de letras y sangre

V. El enojo del gobernador

Mayo de 2009: trina. Si algo enoja al gobernador de Durango, Ismael Hernández Deras, es el daño a su imagen pública. Por eso la edición del análisis de la Unidad de Inteligencia de la PGR, que revela una guerra por la plaza entre el cártel de Sinaloa, el de los hermanos Beltrán Leyva, y el de Juárez, lo tiene furioso. Esa entidad es el principal punto de conexión entre México y EU y número uno en ejecuciones. Hernández Deras, lejos de actuar en consecuencia, se molesta.

VI. No les tiembla el rifle

Junio de 2009: dispuestos a todo. Armados con fusiles de alto poder y granadas de fragmentación, a los sicarios del cártel de los Beltrán Leyva no les tembló la mano. Durante cuatro horas intercambiaron tiros con el Ejército y la policía, en Acapulco: 18 muertos. Es verdaderamente grave que estos acontecimientos se den en plena joya de la corona del turismo guerrerense. ¿Qué, el gobernador Zeferino Torreblanca no les puede poner un alto? La Sedena informó que perdieron la vida 16 agresores, así como un capitán y un soldado del Ejército Mexicano.

VII. Capacidad de corrupción

9 de junio, 2009: nueve elementos de la Policía Ministerial de Morelos fueron detenidos por agentes federales, debido a presuntos vínculos con el crimen organizado. Los arrestaron en el Colegio Estatal de Seguridad Pública, a donde acudieron a participar en un curso de capacitación. Casi una decena más de los agentes del gobierno de Marco Antonio Adame acusados de proteger y filtrar información al cártel de los Beltrán Leyva. Se les imputan secuestro y homicidio. El sello de la casa.

VIII. Peligrosas relaciones

Mauricio Fernández Garza, coleccionista de arte, ex senador de la República, panista, ex alcalde y hoy de nuevo presidente de San Pedro, Nuevo León, el municipio con mayores índices de riqueza del país, sacó su talante provocador.

En su estreno del segundo periodo como alcalde –tomó protesta el 1 de noviembre– anunció anticipadamente la ejecución de un secuestrador que traía de cabeza a sus paisanos.

Y advirtió que con o sin leyes, e incluso al margen de ellas, va a acabar, con ayuda de su “comando rudo”, con todos esos “malandrines” que azotan el municipio.

“Entiendan por las buenas o por las malas: o dejan de chambear o mi comando rudo y yo les vamos a partir la madre. Se van porque se van”.

Existen indicios de que Mauricio Fernández pactó con un cártel del narcotráfico, el de los Beltrán Leyva, para que sus sicarios funcionen como escuadrones de la muerte:

Tatiana Clouthier, ex diputada federal, acusó:

“Se la pasa defendiendo a los Beltrán Leyva, diciendo que ellos no hacen secuestros, que a ellos eso no les importa y que los Beltrán Leyva fueron los que mataron al secuestrador. ¿Cómo lo sabe?”

IX. Morelos de Beltrán Leyva

El estado de Morelos se pueden contar muchas cosas: que el secuestro ha sido parte de su paisaje en los últimos años; que llegan y se asientan narcos sin que haya gobierno alguno que los toque; que sus policías encabezan las bandas de secuestradores; que el cártel de los Beltrán Leyva han sentado sus reales con plena tolerancia y complacencia oficiales.

Y todo es cierto.

Algo está podrido en ese estado. Su ubicación, la facilidad para corromper a los policías, para vivir con protección oficial, para socializar sin problemas con los locales, ha hecho de Morelos una entidad marcada por el narco. El narco sigue siendo el rey en estas tierras. Las recientes detenciones de los más altos mandos policiacos no deja lugar a dudas: el poder real está en el grupo del narco en turno que domine la plaza. Hoy está en manos de los sinaloenses que llevan por apellidos Beltrán Leyva.

De ahí el que coloquialmente se haya cambiado el nombre del estado. Pero esto no es nada nuevo: el gobernador Marco Adame Castillo estaba enterado a través de dos vías: las tarjetas informativas del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y las denuncias que un grupo de ciudadanos le hicieron llegar de manera repetida.

Pero el gobernador no hizo nada.

X. La balada triste de Edgar Millán

Lo tuvo casi en sus manos.

A todos impactó la forma en que fue asesinado Edgar Eusebio Millán Gómez, coordinador general de Seguridad Regional y Proximidad Social de la Policía Federal Preventiva.

Millán, hombre cercano al titular de la Secretaría de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna y tercero a cargo de la dependencia, fue baleado la madrugada del jueves 8 de mayo de 2009, en su casa de la calle Camelia, en la colonia Guerrero de la ciudad de México.

Esta muerte constituyó el mayor golpe del crimen organizado contra mandos de la PFP en la administración de Felipe Calderón: entre tres y cuatro sicarios del grupo de los hermanos Beltrán Leyva estuvieron en el lugar por lo menos una hora antes y esperaron a que Millán entrara al inmueble para abrir fuego, en venganza por los aseguramientos de droga y las detenciones de integrantes de ese grupo.

Entre lo últimos logros de Edgar Millán estuvieron el del primero de mayo en Culiacán, Sinaloa, cuando detuvo a 13 sicarios del cártel de Sinaloa después de un enfrentamiento.

En los últimos meses participó en conferencias de prensa en las que se difundió información relacionada con el cártel de Sinaloa, particularmente con el grupo de los Beltrán Leyva. El 21 de enero informó de la detención, en la ciudad de México, de varios integrantes de las llamadas “fuerzas especiales de Arturo”, es decir, el grupo de sicarios que dirigía Arturo Beltrán.

Ese mismo mes, volvió a dar la cara en una conferencia de prensa para anunciar la detención de integrantes del cártel del Golfo en Tamaulipas.

Era evidente. Los asesinos, militares desertores, expertos en operaciones de comando, estaban dispuestos a entregar sus vidas para proteger la de su jefe, quien hace apenas un mes y medio ates los había convencido de dejar al Ejército y de integrarse a su escolta personal.

Arturo Beltrán Leyva logró escapar a una operación montada por la Policía Federal para detenerlo. “El Barbas” pudo huir a la detención luego de una violenta persecución en la carretera de Cuernavaca a Acapulco, donde su escudo de seguridad, dirigido por al menos por cuatro ex militares, utilizó 11 fusiles de asalto, un lanzagranadas y miles de cartuchos para dejar una estela de vehículos destrozados y dos agentes federales muertos.

La misión en contra del narcotraficante estuvo dirigida Édgar Eusebio Millán, desde el centro de operaciones de la Ciudad de México. Por meses, Millán persiguió a Beltrán Leyva y esa noche, después de coordinar la operación que estuvo a punto de culminar con la detención de su acérrimo enemigo, fue asesinado en su propia casa por un sicario que previamente había sido contratado por la gente de Beltrán Leyva.

El operativo de escape funcionó a la perfección; la posterior venganza, igual. Edgar Millán pagó el precio; ayer el gobierno federal pasó factura a “El Barbas”, un criminal que, literalmente, los trajo con dolor de cabeza durante meses.

XI. Un escape quirúrgico

El método utilizado para la protección de Arturo Beltrán Leyva, en aquella épica por la violenta persecución fue la denominada escudo.

Al ser descubiertos los vehículos de la Policía Federal, la última camioneta del convoy desaceleró su paso para enfrentar a tiros a los federales mientras las demás continuaban su camino a toda velocidad. Una vez que los federales inutilizaban esa primera barrera, la siguiente camioneta en el convoy repetía la operación. Finalmente la célula de protección de Beltrán Leyva decidió parar todos los vehículos, cruzarlos en la carretera y presentar una resistencia de fuego a la Policía.

La huida se cubrió, señalan los reportes, al menos por tres bloques de pistoleros equipados con rifles de asalto, lanzagranadas, granadas de fragmentación chalecos antibalas y radios con frecuencia policial.

La Satánica no se detuvo. Arturo Beltrán, como los gatos, quemó su sexta vida.

No le quedaba mucho tiempo.

XII: Epitafios sugeridos:

Aquí descansa un gran hombre apodado «La Muerte», desafió al Estado, desafió al segundo hombre más poderoso de México, fue víctima de su propio poder y al final, como los buenos, perdió a manos de un marino en Cuernavaca, donde, como todo mundo sabe, no hay mar.

O bien, lo que se lee entre líneas:

“La Muerte ha muerto, viva El Chapo”.