Noticias de Chihuahua, Chih., a Domingo 11 de abril de 2021

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Nuestro sueño

por Antonio Tiscareño 304

Nuestro sueño

El alcance de nuestra elección va más allá del triunfo de un partido o de un candidato

Aplaquemos anticipadamente la ferocidad de la crítica adversa reconociendo que las ideas que aquí expresamos no son de nuestra invención, más al abordarlas como tema de nuestra reflexión nos disculpa el hecho de que por ser universales, los anhelos más íntimos del ser humano son del dominio público y no se necesita tener derechos de patente para invocarlos.

En el más célebre y trascendente de sus discursos, Martin Luther King, ese bellísimo ser humano defensor de los derechos de igualdad y de sus aspiraciones para que su patria fuera un país en el que las personas fueran siempre lo más importante y lo más digno de preservarse, en medio su alocución el cita; “I have a dream” (“Tengo un sueño”) y a continuación pronuncia uno de los más conmovedores discursos de esperanza y determinación que haya conocido la humanidad hasta hoy.

Más el éxito de su propuesta no se debió solo a su capacidad personal de oratoria, porque si su pueblo no hubiera compartido las mismas inquietudes que el, en el mismo momento que el, difícilmente su propósito hubiera sido comprendido y apoyado por su gente. Los liderazgos exitosos, siempre lo son porque logran interpretar en el momento oportuno, el sentir de las mayorías y pasan a ser la expresión concreta y convincente de la voluntad colectiva, por ello nos es válido parafrasear y decir que: “Detrás de un gran hombre, necesariamente debe existir un gran pueblo”.

El sueño de aquel hombre, expresado y compartido con vehemencia y pasión, logro trascender las barreras raciales e ideológicas de sus compatriotas y prender el entusiasmo de sus contemporáneos provocando en su país una de las revoluciones de pensamiento más grandes que ha conocido la humanidad y que aún hoy sigue siendo una fuerza inspiradora de muchísimas personas que acariciamos la idea de vivir en un mundo mejor.
La pureza de su ideal logró sofocar la llama destructiva de una justa indignación que amenazaba con incendiar a su país y transformó el deseo de venganza de los agraviados, en una fuerza incontenible de renovación que corrió a lo largo y a lo ancho de ese territorio contagiando de modernidad a toda la sociedad de su tiempo.

Nuestro sueño hoy puede ser tan legítimo como pudo haber sido el de aquel hombre y el de aquel pueblo, porque estamos tan necesitados de realización como lo pueda estar cualquier ser humano de cualquier época.

Cada generación tiene sus propias necesidades y sus propias aspiraciones y el hecho de que seamos herederos de algunos logros de una revolución que realizaron nuestros antepasados, no significa que debamos conformarnos con lo que ellos alcanzaron a hacer en su tiempo y con sus recursos. Antes bien, estamos obligados, por su ejemplo, a superar lo que ellos construyeron. La principal herencia que nos dejaron fue la determinación de enfrentar sus retos y nosotros de alguna forma nos hemos limitado a servirnos de lo que ellos prepararon y hemos olvidado mantener vigente en nuestro interior el espíritu de lucha y merecimiento que los animó.

Porque nada es para siempre, el modelo social que lograron desarrollar nuestros abuelos revolucionarios, ha sido rebasado por las actuales condiciones y si nos falta la decisión para desprendernos de la esterilidad de nostalgias de tiempos idos, estaremos impedidos de vivir a plenitud nuestro momento. Hay voces que claman por el regreso de una época en la que vivimos engañados, creyendo que todo estaba resuelto y que lo único que teníamos que hacer era sentarnos a esperar que nos llegara hasta la mano el fruto de lo que hicieron nuestros antecesores, más cada generación tiene sus propios retos que superar y eso es algo que no debimos perder de vista en ningún momento.

Nuestro contacto constante con la realidad y con las expresiones de inconformidad de nuestra gente, nos permite tener hoy una aceptable visión de la necesidad urgente de encontrar un liderazgo que conduzca el movimiento modernizador que nos permita superar el momento de agotamiento social por el que discurre nuestro pueblo, más no podemos darnos el lujo de ser simplistas y caer en la superficialidad de reducir solamente al aspecto material la problemática que nos aqueja, la pobreza económica que nos aqueja es solamente el reflejo de una mayor pobreza de la cuál no estamos muy concientes, la enorme pobreza cultural e ideológica que padecemos en lo individual y en lo colectivo.

Creer que nuestros problemas se resolverían simplemente con lograr que cada familia tuviera más ingresos económicos, sería perder de vista e ignorar los procesos naturales que generan esa riqueza a la que aspiramos. Si logramos comprender que solamente es posible recoger cosecha después de haber realizado todo el trabajo de beneficio de la tierra, si captamos que la solución no está en estar repartiendo continuamente los cada vez más escasos frutos de un cada vez menor esfuerzo colectivo, comprender que tampoco es solución el estar esperando que otros pueblos nos rescaten de los resultados adversos de nuestra indolencia, tener conciencia de todo eso nos compromete a buscar una forma más eficiente de aplicar y manejar nuestras capacidades, pero para ello debemos tener un sueño común que nos unifique en la intención y en la acción.

Soñemos en un país de gente comprometida y generosa, que sea capaz de compartir no solo el orgullo de ser mexicanos, sino también y sobre todo... El compromiso de serlo y las obligaciones sociales que de ello se derivan.
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Anhelemos ser una sociedad de personas honestas y trabajadoras, donde abunden los ejemplos de individuos civilizados, respetuosos de los derechos de sus compatriotas, amables los unos con los otros, solidarios en el esfuerzo de conservar los recursos naturales que son patrimonio de toda la nación, que no solamente seamos habitantes de un territorio sino verdaderos ciudadanos que vivamos con higiene en todos los aspectos, preservando de la contaminación el medio ambiente en el que necesariamente nos desenvolvemos, teniendo la suficiente inteligencia para comprender que además de cuidar y mantener limpios nuestros ríos, mares, playas, bosques, campos y ciudades.

Todo eso que por ser el entorno en el que habitamos, por ello es muy digno de conservación y necesita nuestro cuidado. Y si lo externo es importante con mucha más razón debemos de preservar lo que vive en nuestro interior, para lo cuál nos es indispensable el mantener limpias nuestras conciencias y sin contaminación, nuestras conductas personales, nuestro trato con los demás, nuestras formas de asociarnos, nuestras formas de procurarnos conocimientos y riquezas

Ensoñémonos con la idea de que en nuestra patria los obreros trabajemos inspirados más allá de la remuneración, pero incluida la satisfacción de ser diestros como los mejores en lo que hacemos, que los maestros adopten su insustituible oficio con la convicción de ser, antes de cualquier interés personal, depositarios de la encomienda social de ser formadores de generaciones ricas en valores, aprendidos del ejemplo que sus mentores les trasmitan no solo con sus teorías sino ante todo, con sus testimonios de vida. Enamorémonos de la idea de que los padres de nuestras familias sean concientes de que lo más valioso que les pueden dar a sus hijos es un corazón limpio y esforzado que vele continuamente por su seguridad para que en sus hogares familiares no entre la corrupción en ninguna de sus formas para lo cuál deberán renunciar a sus propios vicios y defectos. Que las madres de nuestros hijos entiendan el papel fundamental e insustituible que les corresponde como procuradoras de que el ambiente hogareño sea estimulador del desarrollo de lo mejor de sus personalidades que luego los hará ser miembros triunfadores en la sociedad.

Aspiremos a vivir en un país ejemplar, en el que los formadores de opinión, los locutores, los periodistas, los divulgadores científicos, los lideres sociales, hagan de la ética su pan de cada día, que no sean capaces de humillar la nobleza de su profesión poniéndola al servicio de causas bastardas y que por respeto a si mismos no sean capaces de utilizar su pluma ni su palabra para amenazar ni para chantajear con mezquindad y enanismo profesional buscando exclusivamente su provecho personal antes que el derecho de la sociedad a ser informada con verdades liberadoras. Que todo profesionista u obrero en fin, vea su oficio antes que como un negocio, como una auténtica vocación de servicio social.

Idealicemos el deseo de lograr formar una sociedad de seres humanos notables por sus bondades antes que por sus defectos. Vibremos emocionados ante la idea de que logrando ser una nación de mujeres y de hombres buenos, podamos con entusiasmo e inteligencia, elegir de entre nosotros a los mejores, a los sobresalientes, a los verdaderamente excelentes para que sean los que nos gobiernen, para que los cargos públicos sean ejercidos por auténticos servidores públicos, más estos buenos elementos no sería posible encontrarlos entre una sociedad que no viviera los valores que demanda, porque “no se le pueden pedir peras al olmo”: Nos es legítimo aspirar a que los funcionarios que representen nuestra autoridad sean aquellos a los que elijamos por sus probadas cualidades y no en cambio se nos quisieran imponer a sujetos torvos patrocinados por grupos de poder que no sustentaran sus intereses en el bien común ni en la democracia.

Nuestro justo anhelo, nuestro acariciado sueño colectivo, nuestra más cara ambición como mexicanos y como chihuahuenses tiene ahora una posibilidad de empezar a existir; Este 4 de Julio se nos presenta la coyuntura de ejercer con virtuosa pureza de ideales nuestro voto ciudadano, esa será solo la primera de las acciones que nos encaminen a la realización de nuestro legítimo deseo de dejar atrás nuestros defectos como nación y empezar a nacer a una nueva, diferente y mejor etapa de nuestra vida social actual, este será necesariamente el cimiento donde construyamos el monumento que conmemore nuestro triunfo sobre las adversidades presentes y brindará testimonio y ejemplo a los futuros mexicanos, tal como nos lo brindaron los que nos antecedieron en la construcción de ese bello México de ayer pero que se nos ha agotado hoy.

Todo eso habrá de significar ese voto que depositemos en respaldo de la opción que represente un verdadero cambio. ¡El alcance de nuestra elección va más allá del triunfo de un partido o de un candidato, tiene que ser hecha con la convicción de que el más grande triunfo sea para la realización de Nuestro Sueño... Que ninguna complicidad propia o ajena sabotee ese ideal ni nos lo arrebate retrasando nuestra ingente esperanza por otros seis años!.