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Martes 16 de marzo de 2010

Obama, Calderón, resultados !ya¡

Ya no gastemos tinta ni papel para ocupar los titulares por las ejecuciones o las tragedias


Ya no gastemos tinta ni papel para ocupar los titulares por las ejecuciones o las tragedias

Ya se habían tardado los dueños de la ciudad perdida (Juárez) en cometer el error que finalmente atrajera la atención directa de Obama, asesinar a empleados del gobierno de ese país. Ahora sí, parece que la otra mitad responsable del problema de inseguridad en nuestra frontera, va a involucrarse para ser parte de la solución.

Hemos señalado hasta el cansancio los errores que los tres óredenes de gobierno han cometido en la lucha contra la delincuencia organizada, pero casi nunca hemos exigido el compromiso que los norteamericanos tienen para combatir este flagelo dentro de sus fronteras. Es cierto, México es productor y trasiego de estupefacientes y enervantes, tráfico de personas y cauce natural de otras amenazas que ponen en jaque la seguridad nacional, de nuestro país y del vecino del norte; sin embargo, la oferta y el tianguis existe y crece porque hay compradores a gran escala, esto es, que nuestros vecinos son los mayores y mejores clientes. Viceversa, pagan generosamente por la mercancia y arman hasta los dientes a los productores y vendedores.

Estamos concientes de que este es un problema de dos y remediarlo implica la participación de los dos. El apoyo de recursos, en tecnología y en capacitación, como lo contempla el plan Mérida, es bueno y es bienvenido pero muy insuficiente, si tomamos en cuenta el tamaño de las ganacias que generan a la delincuencia organizada su ilicitos, que alcanzan la friolera de 40 mil millones de dólares. La inversión que el gobierno Obamesco hace para frenar estas amenzas, simplemente no le hace ni cosquillas y hasta la sospecha nace sobre su verdadero interés para atender el preblema.

Desde hace tiempo, cuando las ejecuciones llegaron al grado de colocarnos como la entidad más violenta del planeta, empresarios, periodistas y sociedad juarense plantearon al gobierno mexicano y a la misma ONU, la urgencia de usar una fuerza binacional o cascos azules para combatir a los escuadrones de la muerte al servicio de los capos de las drogas. La respuesta ha sido negativa o en el mejor de los casos, tibia; si al caso, se ha permitido a agentes de la DEA y del FBI participar en investigaciones conjuntas sobre casos particulares, ahora que los norteamericanos tienen motivos para involucrarse activamente en la lucha contra inseguridad en la frontera, es tiempo que el Estado Mexicano acceda a la participación conjunta de una fuerza binacional.

A propósito de los hechos que llamaron la atención del Sr. Barak y la tercera visita del presidente Calderón en menos de un mes, a Ciudad Juárez, son elementos de sobra suficientes para entablar la agenda bilateral en materia de cooperación contra la delincuencia organizada, el terrorismo y atención a las adicciones, pero no en Washington o Mérida, ni dejarla en manos de burocratas de tercer nivel. Que sea en Chihuahua capital o Austin, donde quieran, pero ya, y que sea al más alto nivel, entre los responsables de seguridad nacional, de salud y de las agencias policiales con atribuciones especificas para atender de manera integral el monumental problema que ha convertido en zona de guerra a ambas fronteras de las dos naciones.

Ya no gastemos tinta ni papel para ocupar los titulares por las ejecuciones o las tragedias que han enlutado a decenas de miles de familias; conminemos mejor a los presidentes de México y Estados Unidos, y a los políticos de menor rango a dejar de lamentar tanta muerte, de personas comunes, de figuras públicas o de gente influyente. Eso resuelve absolutamente nada, es járabe de pico y materia de verborrea partidista. Ahora son tiempos de procurar acuerdos y compromisos, es momento de encontrar soluciones al más alto nivel entre las dos naciones. Necesitamos recuperar la ciudad perdida para que regresen sus legitimos dueños, las miles de familias que han emigrado por el temor, los empresarios y comerciantes que han escapado de las estorsiones y secuestros, y los reporteros y periodistas que han abandonado la ciudad por las amenzas. Por ellos, es imperativo de Obama y Calderón asuman con virilidad su responsabilidad.

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