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Lunes 9 de marzo de 2026

Ataques a plantas desalinizadoras elevan la preocupación por el agua en Oriente Medio


París.— Los ataques contra infraestructuras hídricas han sido poco frecuentes en conflictos armados, pero la guerra en Oriente Medio ha comenzado a poner en la mira a las plantas de desalinización, instalaciones clave para el suministro de agua potable de millones de personas.

Una planta desalinizadora en Baréin resultó dañada el domingo tras un ataque con drones atribuido a Irán, informaron autoridades locales. El incidente ocurrió un día después de que Teherán denunciara una ofensiva similar en la isla de Qeshm, que presuntamente afectó el suministro de agua en 30 comunidades.

Aunque estos ataques aún son limitados, especialistas advierten sobre su potencial impacto. La economista especializada en agua Esther Crauser-Delbourg señaló que “el primero que se atreva a atacar el agua desencadenará una guerra mucho más devastadora que la actual”.

Un recurso vital en una región árida

En una de las zonas más secas del planeta, donde el acceso al agua es hasta diez veces menor que el promedio mundial según el Banco Mundial, las plantas desalinizadoras son fundamentales para garantizar el abastecimiento de agua potable.

De acuerdo con un estudio publicado en la revista científica Nature, cerca del 42% de la capacidad mundial de desalinización se encuentra en Oriente Medio.

En países como Emiratos Árabes Unidos, el 42% del agua potable proviene de estas instalaciones. La dependencia es aún mayor en otros estados de la región: 70% en Arabia Saudita, 86% en Omán y 90% en Kuwait, según datos del Instituto Francés de Relaciones Internacionales.

“Sin agua desalinizada, allí no hay nada”, subrayó Crauser-Delbourg, al destacar la importancia de estas plantas para grandes ciudades como Dubái y Riad.

Ya en 2010, un informe de la CIA advertía que la interrupción de las instalaciones de desalinización en los países árabes podría tener consecuencias más graves que la pérdida de otras industrias estratégicas.

Instalaciones vulnerables

Además de los ataques armados, estas infraestructuras son vulnerables a cortes de energía o a la contaminación del agua de mar, por ejemplo a causa de derrames petroleros.

Philippe Bourdeaux, responsable de la región África-Oriente Medio de la empresa francesa Veolia, explicó que se han reforzado los controles de seguridad en los perímetros de las plantas.

En algunos países incluso se han desplegado baterías de misiles alrededor de las instalaciones más grandes para protegerlas de drones o proyectiles.

Antecedentes y posibles consecuencias

Según el centro de investigación Pacific Institute, en la última década se registraron ataques contra plantas desalinizadoras en conflictos como los de Yemen y Arabia Saudita, así como bombardeos en Gaza.

Antes de 2016, el antecedente más relevante se remontaba a la Guerra del Golfo de 1991.

Expertos advierten que un ataque sostenido contra estas infraestructuras podría desencadenar racionamientos de agua e incluso éxodos de población en grandes ciudades. También generaría efectos económicos en sectores que dependen de grandes volúmenes de agua, como el turismo, la industria o los centros de datos.

No obstante, los operadores señalan que existen salvaguardas. Muchas plantas están interconectadas y cuentan con reservas que pueden cubrir entre dos y siete días de consumo, lo que permite amortiguar interrupciones temporales mientras se restablece el servicio.