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Martes 7 de julio de 2026

Crisis en Cuba obliga a familias a sobrevivir con horas de electricidad y escasez de alimentos


La crisis económica y energética que enfrenta Cuba ha llevado a miles de familias a vivir en condiciones cada vez más precarias, con apenas unas horas de electricidad al día, escasez de alimentos y dificultades para generar ingresos. La historia de Adrián Silva Guerra, un electricista de 32 años residente en Santiago de Cuba, refleja la situación que atraviesa gran parte de la población.

Silva Guerra depende del suministro eléctrico para reparar televisores y sostener a su familia. Sin embargo, los constantes apagones reducen sus oportunidades de trabajo y lo obligan a permanecer despierto durante la madrugada para aprovechar los breves periodos en que regresa la energía.

La familia, integrada por cuatro generaciones, sobrevive con ingresos inferiores a 60 dólares mensuales. Su madre complementa el gasto comprando pan en una panadería privada para revenderlo en las calles, mientras los alimentos subsidiados por el Estado llegan de manera irregular. En algunos meses, reciben únicamente un pan por persona cada tres días, debido a la falta de combustible para transportar productos, según el propio gobierno cubano.

Los apagones también afectan la vida cotidiana. Con apenas cuatro horas de electricidad al día, los habitantes aprovechan cada momento para cocinar, lavar ropa, cargar teléfonos y realizar actividades productivas antes de que vuelva la oscuridad.

Ante la escasez, la solidaridad entre vecinos se ha convertido en un elemento clave para la supervivencia. Quienes tienen alimentos comparten arroz, azúcar o pollo con las familias más necesitadas, mientras otros intercambian servicios sin costo, como reparaciones o apoyo para el cuidado de personas mayores.

La situación se ha agravado por la crisis energética, el deterioro de la economía y las restricciones comerciales que limitan el acceso a combustibles e importaciones. Como consecuencia, muchas familias han reducido su alimentación, enfrentan problemas para enviar a sus hijos a la escuela y recurren a soluciones improvisadas para cocinar cuando no hay electricidad, utilizando estructuras hechas con piezas recicladas y leña.

Especialistas consideran que el país atraviesa una de las peores crisis humanitarias de las últimas décadas, mientras la población enfrenta apagones prolongados, inflación, desabasto y una creciente dependencia del apoyo comunitario para cubrir sus necesidades básicas.