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Martes 16 de diciembre de 2008

Chihuahua envenenado


Desgraciadamente no hay quien ponga un alto a la violencia en el Estado de Chihuahua.

Estamos por concluir el año y las ejecuciones siguen a diestra y siniestra, a lo largo y ancho del estado; Han muerto ya miles de personas, más de dos mil en lo que va del año.

No solo eso, en la lista de muertos se incluyen 110 agentes de la policía, la mayoría de ellos adscritos a la Policía Ministerial del Estado, la Cipol y la Secretaria de Seguridad Pública de Ciudad Juárez.

Pero tal vez los chihuahuenses jamás nos imaginamos lo que estaría por venir y al final llegó.

Hace cerca de tres años vimos atónitos como una muchedumbre, en el poblado de San Juan Ixtayopan, asemejando una partida de animales, mataba a tres agentes policiacos, acusándolos de tomar videos de sus hijos.

En medio del linchamiento todavía la gente permitió que fueran filmados, se burlo de ellos, les hizo vejaciones hasta que fallecieron, tras ser torturados con saña.

Estos hechos fueron reprobados por los chihuahuenses, que vieron en ese acto a una sociedad retrograda, carente de valores y de ética moral.

A este tiempo, las cosas han cambiado para nuestro estado.

Ayer se reporto la muerte de un ladrón, en las mismas condiciones de los agentes, asesinado por tres integrantes de una familia, en un vecindario de la colonia Villa en la capital de Chihuahua.

No es posible, estamos rebasando límites sociales con conductas verdaderamente inaceptables.

Mientras tanto hay políticos, de esos de traje y corbata, que pugnan por aprobar la pena de muerte, como si matar a otro fuera a detener esta ola de asesinatos.

Definitivamente no es posible, es una verdadera vergüenza que los políticos, en lugar de reconocer sus fallas y la falta de trabajo para detener esta ola de violencia, busquen echarle la culpa a lago o a alguien.

Pero en fin, como el sacerdote durante la misa del pasado domingo:

«señores los asesinos, los violadores, los ladrones, salen de las propias casas de los chihuahuenses; son personas que en su niñez, juventud y adolescencia fueron maltratados, violados, educados a gritos, sin instrucción moral, por eso hoy actúan así, con ese rencor y con esa saña».

La pregunta sigue siendo la misma ¿y la autoridad?, ¿que pasa?, cuál es su plan de acción o más bien, ¿Cuándo entrara en acción?