Noticias de Chihuahua, Chih., a Sábado 16 de diciembre de 2017

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El Gran Beto

por José Cruz Pérez Rucobo 511

El Gran Beto

Beto tenía un excepcional talento para los negocios que aunado a una gran apostura física e inteligencia sobresaliente, era capaz de lograr cuanto se proponía.

Hoy, daré unas cuantas pinceladas de un personaje rico en matices, en anécdotas, en facetas. Beto nació en el estado de Zacatecas en los tempranos 30’s, gozando de una niñez y juventud con prosperidad económica, esto es debido a que su abuelo don Pancho les había heredado una gran fortuna y Beto era su nieto más querido. El entonces joven Beto, tenía un excepcional talento para los negocios que aunado a una gran apostura física e inteligencia sobresaliente, era capaz de lograr cuanto se proponía.

Sin embargo, las fortunas por grandes que estas sean, no resisten el feo vicio de la compulsión al juego, y es precisamente de lo que adolecía don Cruz, su padre, quien era irredento apostador en las peleas de gallos y en la baraja, dilapidando de esa manera todo el patrimonio familiar.

Y así, de la noche a la mañana, la familia había pasado de la opulencia a la miseria, Beto se hizo cargo de la familia paterna y de la propia, ya se había casado con una joven de muy humilde cuna y había nacido su primogénito. Don Cruz pierde además de su capital la capacidad de caminar merced de un accidente. Los negocios emprendidos por Beto, no marchan del todo bien y deciden emigrar a Parral Chihuahua, Beto abre fruterías, dulcerías y juguerías . Una de ellas de nombre «El Jugoso», le da uno de sus motes que lo acompañarían toda su vida.

Beto era un ser angelado y con efectos hipnóticos para conquistar mujeres y la amistad-admiración de los hombres. Durante toda su vida fue un visionario, llegando incluso a fundar pueblos, ¿cómo lo hacía? Con su olfato extraordinario para los negocios, donde establecía uno de ellos este prosperaba. Así fuera en algún punto del desierto chihuahuense, sobre todo en los cruces de carreteras, instalaba un pequeño negocio y este florecía, luego llegaba la competencia, se poblaba aquello y a él lo echaban de ahí. Pero, me estoy adelantando en los hechos.

Viviendo en Parral y ya con otro elemento más en la familia -una niña-, decide dejarles los negocios por él fundados a su familia y emigrar a la siempre atrayente y fronteriza ciudad Juárez en los finales de los años 50’s. Llega pues a «La tierra de las oportunidades», en parte porque su hermana mayor se había casado con un méxico-americano y vivía en El Paso Tx. Beto llega a ciudad Juárez con $10.00 en la bolsa, su esposa y dos hijos.

Al día siguiente, muy temprano -toda su vida se levantó cuando aún no amanecía- se fue al mercado de la ciudad, compró dos sandías y con ellas bajo el brazo fue a venderlas, lo hizo, y posteriormente compró algunas rejas e instaló su pequeñísimo negocio. Las unidades -sandías- crecieron exponencialmente en número 2-4-8-16 y así empezó lo que serían florecientes negocios.
Beto, siempre fue un Rey Midas -lo que tocaba se convertía en oro- para ganar dinero, no así para gastarlo.

Del minúsculo negocio inicial, Beto con la ayuda de hermanos y cuñados, a los que había atraído de Zacatecas y Parral, se hizo de múltiples fruterías e incluso bodegas. Llegando a ser considerado por los comerciantes «Grandes» -Lupe Ramírez, Polo Acevedo, Porfirio Pérez, Hernán Cavazos- como, «El mejor comerciante». Cabe hacer la aclaración, que en ese competido medio «Todos» se sienten el mejor, son algo megalómanos, por lo que esa designación tiene un mérito enorme.

Otro rasgo pronunciado de Beto, ya lo había enunciado, era la atracción irresistible que ejercía en las damas, tal vez influía que usaba automóviles de modelo reciente, traía joyas de 18 kilates, portaba sendos relojes Rolex y como buen fanfarrón, pesaba las pacas de dinero en las básculas de sus negocios. Por ese mismo éxito y su promiscuidad, Beto, calculo que llegó a engendrar alrededor de 30 hijos.

Llegamos a atestiguar que se llevaba hasta a tres mujeres en un sólo día, ahora de adulto comprendo que con la tercera iba sólo a platicar -supongo-. Era como los gatos o serpientes que fascinan a las aves. Otro rasgo característico era que no peleaba a golpes -sin ser cobarde-, además no lo necesitaba, su hermano Quico, el güero o el alemán -por su cabello amarillo-, lo sacaba de cualquier apuro de ese tipo.

Algunas veces llegó apurado diciendo, ¡ándale güero que ya nos rayaron la madre! Quico enfurecía al instante, entraba a la cantina donde se encontraba el ofensor y... segundos después salía expulsado en posición horizontal el bravucón. Para los que lo conocíamos no era nada raro, pesaba más de 100 kilos y era casi invencible a los golpes.

Relataré sólo dos anécdotas, aunque tengo cientos de ellas.
«Beto era muy estridente y exagerado, en cierta ocasión llegó a uno de sus puestos a comentar muy excitado, que había visto a Ramona -empleada muy apreciada por él- con su novio, el que según Beto era feo, muy feo, extraordinariamente feo el hijo de su $&%#/@ madre. La gente que estaba comprando se encontraba muy divertida, entre ellos una pareja de jóvenes -supongo que novios-. Beto sigue haciendo aspavientos y haciendo crueles señalamientos acerca de la fealdad del novio de Ramona, hasta que decide ejemplificarlo y agrega, era feo, pero tan feo... como este carbón, -apuntando al joven que estaba con su novia- el aludido perdió la risa, se puso lívido, hizo el coraje de su vida y poco falto para que agrediera a Beto».

«En otra ocasión, una marchanta -clienta- se queja con Beto debido a que uno de los empleados le había vendido un kilo de plátanos de sólo 800 gramos. Beto enfurece y encara a empleado acusado, le pregunta, ¿esta señora dice que le diste un kilo de 800 gramos, es cierto? El empleado no halla que decir, puesto que la báscula estaba amañada para dar de menos. La señora sonreía con sorna sintiéndose apoyada, hasta que, ante el silencio del joven dijo Beto,»Que sea la última vez que me dan esa queja, ¡aquí los kilos son de 700 gramos!«Le dice comedido a la dama, no se apure, no vuelve a suceder».

Así era de genial el gran Beto, un fuera de serie, un ser de luz, un portento. Tuve la fortuna de conocerlo muy bien, fue... mi padre. Agradezco a la vida la fortuna de haber sido su hijo. Cuando terminé mi carrera de Economía, siempre lo dije, «Mi padre es mucho mejor economista que yo».