Noticias de Chihuahua, Chih., a Viernes 17 de noviembre de 2017

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La verdad o consecuencias

por Antonio Tiscareño 734

La verdad o consecuencias

Se sacaron la rifa del tigre y además la bestia está furiosa porque le pisaron la cola....

Existe en el Estado de Nuevo México, U. S. A. cerca de la presa del Elefante, un tranquilo pueblito llamado “Truth or Consequences” (que traducido al Español significa” La Verdad o Consecuencias”), curioso nombre que tiene su explicación en una pintoresca tradición de los habitantes del lugar, gente de edad avanzada en su mayoría, jubilados que buscaron en esa pequeña localidad, el ambiente ideal para convertirlo en su lugar de retiro y el alivio para sus males reumáticos, puesto que ahí mismo brotan unos manantiales de aguas termales a los que se les atribuyen propiedades relajantes y curativas.

Toda esta gente compartía la inocente afición a un programa radiofónico - cuando la radio tenía una función de entretenimiento que no había sido opacada por las deslumbrantes pantallas de los televisores -, era un programa de concurso en el que los participantes tenían que contestar con la verdad a las preguntas que se les hacían o enfrentar penalizaciones como consecuencia de sus equivocaciones. Fue tan marcado el gusto que los moradores de ese lugar desarrollaron hacia esas transmisiones; que decidieron nombrar a su población con el nombre de ese programa para honrar así la memoria de esos buenos momentos de sencilla convivencia y disfrutable tranquilidad en los que hasta en sus juegos, las personas recordaban los fundamentos de la bondad.

Esta anecdótica curiosidad nos remite nostálgicamente a un tiempo en el que La Verdad todavía era considerada como un valor moral defendible, a épocas en las que el relativismo no había minado al grado que hoy lo ha hecho, la escala de valores que presume de ser la estructura ideológica que sustenta la convivencia entre los individuos, tiempos en los que todavía tenían resonancia en el ánimo de las personas, frases heróicas como la universalmente celebrada: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” acuñada por el nombrado “Benemérito de las Américas”, Don Benito Juárez.

Hoy, cuando la crónica de nuestro tiempo se está escribiendo bajo premisas totalmente antagónicas a esos principios, cuando las reflexiones inteligentes han sido aplastadas por las acciones brutales, cuando las páginas donde se escribe nuestra historia son nuestros propios cuerpos, cuando la tinta es sustituida por nuestra sangre y la pluma que graba su mensaje de salvajismo es un trepidante fusil R-15.

Ha llegado el tiempo de recordar que la mentira tiene sus consecuencias, que para sobrevivir, todas las comunidades que el hombre ha creado requieren un ambiente que permita su crecimiento y su mantenimiento. Que mientras más numerosa sea una sociedad, más necesario será contar con un conjunto de reglas que regulen su funcionamiento y mayormente necesario será el respeto que todos los miembros deban brindar a esos acuerdos.

A todo esto se le conoce como “El Marco del Derecho”, el cual debe visualizarse como un terreno seguro en el que se promueven los privilegios de los que gozan los miembros, pero también se les acotan las limitaciones o renuncias que estos deben observar en aras del bien común – que este es el motivo primordial por el cual los individuos se sienten motivados a asociarse -.

Un ejemplo ideal para figurar este asunto, sería como imaginar un corralito dentro del cual encuentren seguridad y alimento los animalitos que ahí vivan. Mientras en él permanezcan conservarán sus ventajas, pero si de alguna forma lo abandonan, deberán estar conscientes de que estarán excluidos de la protección que ahí se brinda y deberán enfrentar otras circunstancias que ya no les serán tan favorables, fuera de ese marco protector quedarán sujetos a otras reglas y serán vistos como desertores que renuncian a sus derechos, sin posibilidad de invocar los beneficios de las leyes que sólo deben proteger a los que las cumplen.

A los que “se brincan las trancas”, a aquellos que por propia decisión se exilian de su sociedad y por ello se ganan el calificativo de enemigos públicos, automáticamente se acogen a las reglas de otro juego en el que se practica el “va como viene” y se vale de todo, sin árbitro, sin zona franca y sin posibilidad de reclamaciones, ahí aprenderán de la forma más convincente que si no respetan el derecho de los demás obtendrán la violencia como respuesta.... tal como ahora lo estamos viendo. No hay vuelta de hoja, - este estado de guerra que a ojos vista aumenta de intensidad - es el resultado lógico de la falta de respeto que sistemáticamente, esos “unos” han venido perpetrando sobre el derecho de los “nos/otros”.

Es el resultado de no apegarse a la verdad, pues tarde que temprano las sociedad se da cuenta cuando nos han estado mintiendo y una vez puestos en evidencia no pueden quejarse de la desconfianza que se les muestre, todo lo que hagan o digan estará matizado por la sombra de la incredulidad, el precedente de sus engaños y sus trasgresiones hará que todas sus acciones sean vistas bajo sospecha, inexorablemente habrán de enfrentar las consecuencias de sus actos.

Ahora que pisotearon el juego limpio del sufragio efectivo con esa burda simulación de elecciones que en ningún momento se pudo llamar ejercicio democrático, el primer efecto es la desaprobación de la ciudadanía que se traduce en falta de reconocimiento a los que se ostentan ganadores, el callado repudio para quienes “legitimadamente” usurpan los cargos públicos, hará que deban enfrentar sin apoyo de la población los graves problemas que ya les están explotando en las manos... y en las calles, pues el ciudadano común aunque se vea afectado, verá esas situaciones como ajenas a él y las observará como pleito ajeno entre facciones.

Se sacaron la rifa del tigre y además la bestia está furiosa porque le pisaron la cola.... lo peor es que ya probó el sabor del desquite por lo que va a ser muy difícil que recuperen la paz. Seguiremos viendo bajas en ese equipo y cada una de ellas será sólo... otra consecuencia de no respetar el derecho ajeno.