Noticias de Chihuahua, Chih., a Jueves 21 de noviembre de 2019

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Quinientos soldados vigilan restos de Beltrán

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Quinientos soldados vigilan restos de Beltrán

Los cuerpos de Arturo Beltrán Leyva, alias «El Barbas», y cuatro sicarios más continúan en el fraccionamiento «Altitudes»

Los cuerpos de Arturo Beltrán Leyva, alias «El Barbas», y cuatro sicarios más continúan en el fraccionamiento «Altitudes», donde quedaron tras el enfrentamiento de ayer con fuerzas federales.

Cerca de 500 elementos del Ejército mexicano y de la Armada de México resguardan el lugar ubicado en la avenida Poder Legislativo, esquina con calle 5 de Febrero de esta capital.

Se espera que en las próximas horas los cuerpos sean trasladados a la ciudad de México.

La historia

Seis días duró la cacería. Inició en Ahuatepec, Morelos. Arturo Beltrán Leyva, apodado El Barbas, estaba en una fiesta con el Rey del Acordeón, Ramón Ayala, y con los Cadetes de Linares. Hasta allá llegó la Marina. Intentó capturarlo, pero se le fue. Le siguió el rastro, a él y a varios de sus más cercanos colaboradores hasta que ayer en la tarde dio con él. Y lo mató.

Fueron horas en los que se escuchó un intenso tableteo de las ametralladoras de uno y otro bando, que sólo era interrumpido de cuando en cuando por los estallidos de granadas de fragmentación que los pistoleros que lo protegían lanzaban.

Beltrán Leyva, El Barbas, La Muerte, El Botas Blancas, El Jefe de Jefes, el enemigo más peligroso de Joaquín El Chapo Guzmán, el hombre buscado por los gobiernos de México y Estados Unidos, quedó abatido, desangrado sobre los pisos del lujoso condominio Altitude, ubicado sobre la calle Alta Tensión en Cuernavaca, Morelos, el mismo estado en el que estableció su feudo y donde se escondía, de acuerdo con versiones difundidas desde hace años, junto con otros capos.

Lo cercaron. Tuvo capacidad para mantener a raya durante varias horas a las fuerzas de la Armada de México. Pero en un momento de la noche, sus círculos de seguridad colapsaron.

Los marinos llegaron a metros de El Barbas, que era protegido por el último círculo de su escolta. Intercambiaron disparos, el capo y tres de su séquito perdieron el duelo. Uno más de sus guardaespaldas se suicidó.