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Viernes 21 de agosto de 2009

La Federación "ahorca" a estados y municipios

Ramón Galindo hace un análisis severo sobre la situación en México de lo que él llama un "federalismo hacendario de fantasía"


Ramón Galindo hace un análisis severo sobre la situación en México de lo que él llama un "federalismo hacendario de fantasía"

Pero el problema de fondo no es este "ahorcamiento" financiero por parte del Gobierno federal, dice el senador panista, sino "el temor de algunos actores de transformar la política fiscal desde sus raíces".

El senador del PAN por Chihuahua Ramón Galindo Noriega, presidente de la Comisión de Desarrollo Municipal de la Cámara de Senadores, hace un análisis severo sobre la situación en México de lo que él llama un "federalismo hacendario de fantasía", con una política recaudatoria implacable por parte del Gobierno central, "que tiene para sí casi cuatro quintas partes del ingreso fiscal", y que difícilmente estará dispuesto a fortalecer la autonomía de los gobiernos locales.

En opinión del legislador federal panista, la ecuación del verdadero federalismo es: "más recursos, más autonomía y menos control, y no la fantasía que se vive en nuestro país", y agraga que la anarquía fiscal que padece el país se debe a una histórica tendencia del centro a tratar a los gobiernos locales como subordinados, y no como colaboradores en el propósito de impulsar el desarrollo nacional.

“El sistema federal mexicano, en su capítulo fiscal, que en teoría está planteado como un modelo para eficientar los recursos, acabó por convertirse en una subordinación degradante de los gobiernos subnacionales al poder del Ejecutivo. Esta dependencia, además de sofocar la creatividad de los gobiernos locales para allegarse recursos, los desalienta para dar cumplimiento a sus responsabilidades recaudatorias”, señala.

Y si bien el “ahorcamiento” financiero que sufren los estados y municipios se debe al uso errático de los recursos y a una deficiente calidad administrativa, dijo Galindo Noriega, el problema de fondo es el “temor de algunos actores a transformar la política fiscal desde sus raíces, pues, en la actualidad, las bases de la coordinación fiscal son instrumentos de un poder centralista que a su más completo arbitrio determina los impuestos nacionales”.

Para contrarrestar este panorama, Galindo sugirió ir más allá de las medidas de emergencia y concentrarse en armar un marco jurídico que redistribuya las facultades tributarias, con el propósito de que tanto estados como municipios estén en posibilidades de vigorizar sus procesos de administración, recaudación y fiscalización de los recursos, es decir, darle a los estados y municipios más autonomía y poder de decisión sobre los recursos que ellos mismos producen.