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Lunes 1ro de junio de 2009

Marge Simpson

Hace apenas unas décadas las mujeres no tenían acceso a estudios superiores, ahora las facultades están llenas de ellas


Hace apenas unas décadas las mujeres no tenían acceso a estudios superiores, ahora las facultades están llenas de ellas

Yo no quiero ser Marge Simpson, me gusta Lisa, me identifico con ella, pero no con Marge. Supongo que no soy la única y me pregunto, ¿Qué nos pasa a las mujeres? ¿Por qué nos quedamos en el camino? Muchas queríamos ser como Lisa y nos identificábamos con ella, la misma Marge en su niñez y juventud era como Lisa. Pero llegó un momento clave en que tuvo que decidir si continuaba con su desarrollo profesional, su brillante carrera de pintora o se convertía en ama de casa. Pudo más el amor y ahí la tienen.

Hace apenas unas décadas las mujeres no tenían acceso a estudios superiores, ahora las facultades se ven llenas de mujeres, incluso más mujeres que hombres, en algunos casos, como enfermería, psicología, comunicación, administración de empresas, filosofía y otras que ahora no recuerdo. Entonces ¿por qué hay más hombres ejerciendo la profesión?

No quiero aceptar aquello que decíamos jugando cuando andábamos por los pasillos de la Facultad, “estudio MMC (Mientras Me Caso)”, tampoco me resigno a aceptar aquélla idea de que las mujeres iban a la Facultad a buscarse un buen marido o para ser la digna esposa de un marido respetable. Todas estas razones para estudiar o decidir superarse me parecen una inversión inútil para el Estado, sobre todo en las universidades públicas, donde se invierte para la formación de cada uno de los estudiantes mucho más de lo que cuestan las matrículas.

La cuestión de género sigue vigente, más vigente que nunca. A pesar de que el movimiento de feminismo tuvo quizá mayor fuerza en la década de los setenta, la lucha por la igualdad de derechos de hombres y mujeres sigue teniendo sentido. ¿O es que las mujeres disfrutamos ya de igualdad de circunstancias? ¿Contamos acaso con los apoyos necesarios para conciliar una vida familiar y laboral? ¿O estamos condenadas a elegir? Considero que estos tiempos de crisis llaman la atención para que cambiemos las cosas que no van bien en el mundo. Una de ellas es la situación de la mujer.

Ahora escribo desde España, donde hay un gobierno socialista con mayor cantidad de ministras que de ministros, con muchos avances en materia de igualdad de género, pero con muchos casos aún de violencia de género. Arriba habrán tomado muchas medidas, pero en el día a día, siguen siendo las mujeres las que van al supermercado, las que llevan y traen a los niños, las que se ven limpiando las casas, colgando la ropa y haciendo la comida. Y es que la cuestión no es pasar al otro extremo y abandonar todas las labores del hogar y los niños para pasar a ser una ejecutiva agresiva, o sí, depende de cada quien. La cuestión es tener la posibilidad de elegir, ese debería ser un derecho indispensable.

Pero bueno, volviendo a Marge Simpson, el estereotipo de ama de casa de los años cincuenta, que ha sido elegida en el Reino Unido como la mejor madre famosa, según BBC Mundo, las mujeres debemos preguntarnos si Marge es un modelo a seguir como madre tolerante, amorosa, responsable, limpiadora compulsiva, ahorradora eficaz, siempre disponible, con una palabra de consuelo y comprensión para todos los miembros de la familia, o es un espejo de la mujer actual. También debemos preguntarnos si merece la pena quedarse en casa ocupándose de todo mientras el marido se convierte en proveedor o decidimos salir a trabajar para ayudar con los ingresos aunque luego tengamos que llegar a casa a poner todo en orden y terminar a las tantas para levantarnos al día siguiente muy temprano a hacer lo mismo.

Cualquier elección será buena, no tenemos derecho a cuestionarla, lo importante es eso, justamente, que tengamos la posibilidad de elegir y no se nos impongan obligaciones por el simple hecho de haber nacido mujer o de haber nacido hombre.

La verdad es que es un atrevimiento escribir este artículo, porque el tema es mucho más complejo de lo que aquí se plantea, pero es una muestra de que no es tan difícil hablar de lo que nos pasa en la vida cotidiana y siempre existe la posibilidad de cuestionarnos el sentido de nuestra vida, la única vida que tenemos